Adiós a los que os vais (u os echo), bienvenidos a los que llegáis (u os meto)
Gracias por nada y gracias por todo.
(leer con aire de rumbita)
De tanto arrojar al mundo
con rabia espesa intoxicada,
las ganas de ser mas zurdo
se me disparan contra la almohada,
y escapo de los temblores
que me produce volver a verte
mientras los que no esperaba
me quitan años, dinero y muertes.
El tiempo de verme oculto
mientras me escondo de todo el tiempo
se llena de numeritos
sin decimales que escriben cuentos.
El cuento ya se ha cerrado
aunque a veces me viene el viento
y sopla dejando en bolas
y sin más ganas, el libro abierto.
Yo que nunca había leído
ahora escribo en cada verso
los besos y el estribillo
de tu letargo se queda hueco.
Mañana será un buen día
para decirme "tal vez mañana"
y empiece ha escribir de nuevo
el estribillo, con nuevas ganas
Y se vuelve todo tan obsceno
que en lugar de vivir el primero
en mi lista, me doy por perdido.
En lugar de vivir lo vivido
y sentime un Adan con su Eva
me disperso de mala manera
y me muerdo con saña el ombligo.
Y es que, primo, todo es tan obsceno
que a la larga se seca el tintero
como no suprimamos las prisas.
Y entre ataque y ataque de risa
me someto a cura de llanto,
intentando aliviar, mientras canto,
mi tortura sencilla y concisa.
Y se trata de airear el sombrero
para así maltratar a lo obsceno
de las muertes que uno acumula.
Y estos dias de frio y de gula
son excusas pá iniciar un camino
celebrando (algunos) que un niño
fue a nacer entre un buey y una mula.