Mi primera intención, además de vociferar a los cuatro vientos que tipo de actividades naturales propias de la digestión pretendía realizar sobre la reputísima madre del que corta árboles y se los vende a Ikea en forma de mesas, fue arrojar la lata contra el suelo para descubrir hasta que punto podía llegar a desafiar las leyes de la gravedad con el rebote de la Fanta sabor a sandía.
Nada mas lejos de la realidad. Aspiré cerrando los ojos, intentando adquirir calma del aire, supongo. Apoyé la lata pacíficamente sobre la mesa. Dejé que otro compañero cogiera el teléfono. Y cojeando me fui en busca de papel de cocina para recoger el liquido vertido.
Así que al final la lata la pude guardar ya que me resulta bastante original su diseño.
En cuanto a lo del pie, nada del otro mundo. Cógete un taxi, vete a urgencias con un dolor que te cagas, espera en la sala, etc, etc, etc.
Al final miren lo que me he sacado. Una bonita foto de los huesitos de mi pié y una cajita de antinflamatorios. Con el consabido dolor del carajo. Voy por casa como el Doctor House por su hospital. Solo que yo no tengo con quien meterme.
